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Lagartos de monte

Qué verdes y bonitas son las ramas por las que corren a principios de primavera los lagartos.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había visto un lagarto, pero más tiempo había pasado desde que no veía un lagarto de monte, seres especiales, especímenes con una capacidad, casi heroica, de camuflaje.

Y es que los lagartos me apasionan, incluso me apasionaban antes de saber que me apasionaban; me sentía identificada con esos pequeños animales, escurridizos y difíciles de encontrar.

Es maravilloso cuando los ves. Aparecen de repente, te miran un poco y después, a causa de su miedo y de sus ganas de libertad, se van. En principio, te dejas deslumbrar por su belleza, por sus colores, por su apariencia diferente al resto de animales y por su hiperactividad que les hace moverse con ese sigilo y habilidad, una hiperactividad que hace casi imposible seguir sus pasos. Finalmente, te ilusionas y te gustaría quedártelos o, más bien, que ellos eligieran quedarse. Pero es imposible que unos seres nómadas elijan quedarse en un solo lugar, cuando pueden disfrutar de todos los montes del mundo y seguir conociendo a más lagartijas, salamandras, tritones y lagartos que tengan sus mismos colores y su misma habilidad.

¿Cómo vas a obligar a un lagarto de monte a conformarse con una pequeña caja donde vivir? Yo nunca lo haría, yo apuesto por la libertad de los lagartos porque gracias a sus espectaculares carreras los campos son aún más mágicos.

Ese día, un día cualquiera, de un año cualquiera, levanté una pequeña chapa en el monte y sin esperarlo, de repente, salió un gran lagarto, atrevido y valiente; tan valiente que se atrevió a quedarse en frente de mí, conocerme y mirarme como pocos animales antes lo habían hecho. Pero cuando esperaba que ese lagarto de monte se quedara a mi lado, él se dejó guiar por su instinto y salió corriendo, dejando tras él un aura de tranquilidad y armonía.

Apareció de repente y se fue sin esperar. Pero quién sabe, tal vez vuelva a ver a ese lagarto de monte o quizá no, pero lo que sí sé es que hay que dejar que la vida fluya, que la naturaleza siga su curso, que cada uno camine por su propio sendero y que cada quien elija el sitio donde desea estar, más, cuando a lagartos de monte se refiere.

Me encantáis lagartos de monte, ojala hubiera más seres como vosotros, seres con una mezcla de valentía y de miedo, seres capaces de seguir su instinto más primigenio sin importar lo que el resto de animales piensen.

El dibujo está hecho por mí, es de hace un poco en el monte; ya que escribía sobre lagartos de monte creía justo sacrificar un poco de mi tiempo en ir al monte a dibujar. A mí, personalmente, me gusta el dibujo, teniendo en cuenta que hace más de un año que no me pongo a dibujar en condiciones...está bien :)

Por otro lado, quiero agradecer a todos los que dedican un minutito de su tiempo en entrar y leerme, no sé quiénes sois pero me encanta escribir y que los que si me dicen que me leen, me digan lo mucho que les apasiona conocerme más a través de mis textos. Es una pena que webnode no cuente con la opción de comentar o que yo no tenga tiempo para pasarme a otro tipo de página donde si se pueda comentar. Pero bueno, de momento está bien así y estaré encanta de recibir mensajes en los que me contéis que os parecen las divagaciones de mi cerebro. Muchas gracias desde mi pequeño mundo :)

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Vivir viajando-Colaboración 7

10 de Abril de 2018

17:30 Nantes

Mensaje de Sandra.

Me pregunta si puedo colaborar en su blog contando mi vida espectacular viajando de un país a otro sin parar.

¿Vida? ¿Espectacular?  Se habrá confundido, me da miedo que no, yo escribiendo!! Por alguna razón me lo pienso... puedo escribir sobre lo que realmente es una vida de aquí para allá y lo aburrida que puede llegar a ser.

En un principio podría ser algo como... trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, trabajo y fiesta, resaca, trabajo...una semana, dos semanas, meses, años...  (Con 20 años sería “trabajofiesta” a diario... que tentador ). Llegas a un país diferente, nuevo proyecto, nueva gente, que ganas de empezar!

Los primeros días son relajados, se termina pronto, café o caña al salir, conocer un poco a la gente del proyecto... todo perfecto.

 Pasan los días y comienzan los problemas, mal tiempo, problemas ajenos al trabajo pero que afectan directamente (golpes de estado, huelgas y barricadas durante semanas, intifadas,...) se acumula estrés, presión por terminar en plazos... un caos!! Bueno, siempre es un caos, es una constante, presión siempre hay aunque vaya todo como la seda, y da igual el país que sea.

Las diferencias entre unos sitios y otros la marcan los paisajes.

Desierto, kilómetros de arena, 100 máquinas... ¿cómo voy a aguantar?

Coño!! ¿Qué es eso? ¿Un lagarto de más de un metro?? Reptiles, pequeños mamíferos, muchísimas aves...creo que me gustará. El desierto resulta no ser tan desértico.

 Bosques, estepas, selvas,... adoro este trabajo!

Y también las gentes... no, la gente no, siempre hay personas que te tratan muy, muy mal (me han drogado, hay cosas de las que apenas he hablado nunca) y otras muy, muy bien; estas últimas son las que terminas recordando, porque con ellas te llegas a sentir como en casa, que de verdad hace mucha falta por muy acostumbrado que uno esté.

 

Niko, viajero amante de los bichos

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Cambios, oportunidades para crecer- Colaboración 6

    Somos seres de costumbres y rutinas por lo que muchas veces nos resistimos a salir de nuestra zona de confort. Nos empeñamos en no abandonar el ala de mamá y el calor que nos produce su dulce hogar. Por eso llega un punto, que la vida nos sacude para que reaccionemos y salgamos de esa zona que tanto supuesto bienestar nos produce y lo hace para que exploremos mas allá de nuestro mundo; se produce algo que te hace reaccionar y preguntarte si en realidad estoy donde deseo estar, si en realidad mi ciudad natal me llena al 100%. Es ahí cuando se produce un cambio el cual te abre a un mundo de posibilidades y milagros inesperados que producen otros resultados en tu vida. Que si, que al lado de papi se esta muy chachipiruli pero la idea de aventurarse en una vida sola y en un mundo desconocido esta superguay.

Tu destino no es algo que tú decidas sino algo que tú descubres. Sino nos dejáramos llevar por los cambios o no les prestáramos atención de el por qué de ellos y nos quedáramos con la cabeza bajo tierra como los avestruces,  no nos podríamos acercar, ni descubrir nuestro propósito de vida. Si, vale que muchas veces los cambios vienen disfrazados de problemas y dan miedo, pero el miedo solo es producto de nuestro ego para impedirnos avanzar; cojamos ese miedo, dejémoslo a un lado y corramos hacia adelante, ya que cuando algo inesperado sucede en nuestra vida nos introducimos en cambios que nos procesarán al cumplimiento de nuestro propósito y si no es así pues una experiencia y aventura nos llevamos seguro.

Ningún cambio te dejará en la misma situación en la que te encontró, estos te ayudarán a madurar. Los cambios son el mejor provocador de madurez en tu vida. En ellos descubres en donde verdaderamente está tu confianza, puedes descubrir cosas nuevas que te gustan y antes ni de lejos, hasta donde puedes llegar, lo que puedes llegar hacer por ti mismo. Los cambios tienen la capacidad de sacudir los falsos fundamentos y marcar un nuevo comienzo en tu vida.

Los cambios ya  sabemos que son difíciles al principio, pero si los afrontas con fuerza y confianza te ayudarán a una mayor productividad, a alcanzar nuevos niveles de efectividad y realización en tu vida.

Nada te impedirá más el avance y el desarrollo personal que tratar de lograr cosas diferentes haciéndolo de la manera que ya no funciona. Una visión de lo que es tu vida, te mostrará que cosas ddebes cmabiar, ajustar, perfeccionar, descubrir, redescubrir, aprender y que cosas debes eliminar.

A veces no aceptamos los cambios y estos nos parecen enemigos, pero, tenemos que apreciarlos ya que son grandes maestros a los que debemos prestar gran atención.

En mi vida a dia de hoy doy gracias por todos y cada uno de los cambios y dificultades que me ha tocado vivir , porque a través de los años he descubierto que lo que al principio no entendía se convirtió en grandes lecciones de vida. Estas lecciones me ayudaron a salir de mi zona de confort, a conocerme, a crecer, a confiar en mí, a madurar, filtrar mi destino, enfrentar los tiempos difíciles e identificar lo que ya no funcionaba.

El mejor consejo que te puedo decir es que, siempre, escuches tu intuición, tu voz interior y trata de desapegar el ego que puede encapricharse con las decisiones y no dejarte avanzar hacia nuevos caminos  que, muchas veces, son liberadores para el alma.

Como conclusión, decir que, los cambios son momentos de oportunidades y mejoras.  Por más que las cosas cambien y no sean de la forma que tu quieras, son siempre formas para mejorar. Es bueno comenzar a ACEPTAR. No es fácil cambiar, es algo que genera mucha resistencia en nosotros, pero es necesario esforzarse para poder salir de la zona de confort y soltar los caprichos. Los cambios vienen para potenciar nuestro SER y darnos nuevas oportunidades.

¡VIVAN LOS CAMBIOS Y VIVA LA GRAN OPORTUNIDAD DE VIVIR!

Salir de la zona de confort

Miriam Molero García una loca soñadora, risueña y un poco gruñona ;)

 

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Relatos a deshora III (C)

Había decido tomar el tercio de hamburguesa que había dejado a medio comer la noche pasada encima de la mesa. Desde hacía mucho tiempo mi apetito se  había visto reducido, nunca tenía hambre, lo que conllevo a que estuviera más delgada de lo normal.

Mi casa era una autentica ratonera, me daba vergüenza que alguien pudiera entrar y tildarme de guarra o desordenada, pero, ciertamente, hacía meses que nadie, digno de ejemplo a seguir,  venía a mi agujero. Pero eso tenía que cambiar, tenía que volver a ser la persona ordenada y limpia que era antes.

Estaba enfrente de esa iglesia y de esa frase. Después de darle muchas vuelta y armarme de valor, entré; en la fachada, una gran puerta de madera un tanto desvencijada, con antiguos clavos de un hierro impoluto y una manilla tan dura que para un cuerpo debilitado como el mío era imposible de abrir, presidía la entrada. La puerta físicamente imponía, pero espiritualmente aterraba, era como si el universo me impidiera la entrada, como si me estuviera mandando una señal, a través de la imposibilidad de entrar, de que me tenía que ir de allí. Absorta como siempre en mis absurdas divagaciones noté como de lejos una frágil voz se dirigía hacia mi persona.

      –Hola, espera. Yo te ayudo. Esta puerta del diablo está pidiendo a gritos que engrasen sus bisagras o de un momento a otro nadie podrá entrar o salir –dijo una voz aguda que salía de un hombre pequeño con barba larga.

      –Hola señor. Muchas gracias, casi dejo aquí mis manos intentando entrar  –añadí sonrojada.

      –No hay por qué dar las gracias, la ayuda mutua es uno de los mejores regalos del universo –me decía sin dejar de sonreír.

Por fin, después de que mi repentino compañero lograra abrir la puerta aplicando unos trucos especiales, conseguimos entrar. El lugar era un espacio maravilloso, con una arquitectura más espectacular que la que se vislumbraba en el exterior, era un sitio que transmitía una gran energía positiva. Me quedé embobada mirando cada uno de los detalles, analizando el origen de este u otro elemento arquitectónico y escudriñando qué es lo que allí se podría estar haciendo  teniendo en cuenta la frase de la entrada; ¿serían rabinos aplicando algún tipo de terapia psicológica? ¿harían sesiones de yoga? ¿harían meditación?...

De repente note como si una mirada inquisitiva estuviera puesta en mi espalda, seguido de unos cuantos susurros; tenía que dejarlo, tenía que abandonar esa manía de dejarme llevar por las divagaciones que mi cerebro tenía constantemente.

      –¿Estás conmigo? –me preguntó mi amigo barbudo. La verdad es que era una persona muy amable, parecía salida de un cuento de fantasía, en el que él sería el personaje bueno y entrañable que ayuda a los demás.

      –Sí, perdón. Estaba admirando la belleza de este lugar y pensando en cómo lograron hacer esta maravilla unas personas hace tantos siglos y con tan pocos recursos en comparación con los que tenemos ahora –inventé rápidamente para que no se diera cuenta de lo tonta que podía llegar a ser a veces. Si algo me caracterizaba, era la capacidad inventiva que tenía, para algo tenía que servir tener un cerebro activamente creativo, aparte de para hacer el ridículo de una manera soberana.

      –Vamos que estás pensando en qué hacemos aquí dentro, cómo unos religiosos pueden hacer para ayudar a otras personas sin pedirles nada a cambio. No te ofendas, pero en cuanto te vi supe que venías por la frase que mi compañero Hansel se invento entre cigarro y cigarro una noche lluviosa –qué gran capacidad la de mi nuevo amigo. Me estaba merecido por infravalorar la capacidad receptiva, en cuanto a verdades se refería, de los cerebros que coexistían con el mío. Me quedé perpleja, sin saber qué decir y roja como un tomate, de esos tomates que se cosechan en pleno verano que están tan buenos pero que, sobre todo, son exageradamente rojos.

      –No te preocupes mujer, aquí no nos comemos a nadie y mucho menos robamos. ¿Para qué íbamos a querer nosotros el dinero cuando lo que nos importa es lo espiritual? –qué sorpresa la mía, no daba crédito a lo que estaba escuchando. Todos los religiosos a los que había conocido les interesaba sobre manera el dinero y lo material; el cura del pueblo era un glotón interesado, que le había cobrado el uso de la iglesia a mi hermana  el día de su boda incluso sin haber oficiado la misa, el cura de mi comunión ahora era un ex-cura primo carnal de mi madre al que le gustaban más los regalos monetarios que a un niño un pirulí y el cura de aquel pueblo alemán, que visite el año pasado, cobraba por entrar en su refugio espiritual. Por lo tanto, hacía mucho que tenía una imagen en mi cerebro sobre lo que eran los clérigos, o al menos sobre lo que eran los clérigos cristianos.

      –No me malinterpretes. No pienso nada malo, solo estaba pensando en qué tipo de actividad se puede hacer aquí, pretendía hacerme una imagen antes de poder llegar a hacer el ridículo como de costumbre –que bobada lo que acababa de decir, le estaba mostrando a un desconocido, a través del mensaje subliminal que se desprendía de mi discurso, que mi autoestima no era de las mejores en ese momento. ¡Qué infantil podía llegar a ser a veces! –pensaba.

Continuará…

Creepy, but beautiful

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Cronología -Colaboración 5

Toca hacer balance, pisar el suelo, deshacer la maleta, llamar a cada cosa por su nombre.

Siempre he sido de contrarios. De buscar lo que no deseo y desear todo aquello que no busco. Probablemente con algo de impaciencia, quizás por naturaleza, o error de cálculo, o contrapié con uno mismo.

Siempre me gustaron los imposibles, los sueños que cambian constantemente, las dudas justo antes del momento de saltar. Sentirse vivo sin necesidad de grandes desenlaces. La historia mal contada de los finales felices.

Recordar las primeras veces y no conformarme sólo con ello. Salir a su encuentro una y otra vez, insaciable, con un apetito voraz.

Quemé etapas, incendié otras. Supe mantenerme a salvo y aún así nunca fue suficiente, nunca es suficiente.

En un intento de teatralidad absurda hice de la palabra mi único salvavidas posible como antídoto para el paso del tiempo, el error y la suma, la ausencia y los billetes de ida y vuelta.

Intenté y sigo intentando enumerar cada pequeño detalle, retener ese instante que parece perfecto aunque probablemente posteriormente quizás no lo sea tanto…

Lo que soy. Lo que yo creo que soy. Lo que tú crees que soy. Lo que probablemente no llegaré a ser. A veces me cuesta diferenciar el valor que se da a lo que no tiene precio, y el precio que damos a lo que en realidad no tiene valor.

Se necesita silencio. Necesito silencio. Dejar para mañana todo lo que me obligan a hacer hoy. Aprender de mis miedos. Saltar al vacío. Tener en cuenta que cada día es un buen momento para comenzar de cero.

Día 1

...

Farola en charco

Txantxu – músico, escritor de canciones, artista becario.

 

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Superficialidad

¿Y me puedes describir un poco cómo eres? –me dijo.

Te comento, una de las cosas que más me gusta es estar en la naturaleza, salir al campo y respirar aire puro…-terminé de seco tras su interrupción.

No me refiero a cómo eres personalmente, me refería a cómo eres físicamente, -apostilló tan campante.

Este tipo de conversación no es un caso aislado, es una de las grandes realidades de la sociedad en la que vivimos. Hombres y mujeres superficiales, a quienes más que importar cómo es la personalidad de alguien, les importa que cumpla unos cánones fijados por unas modas y estándares artificiales.

Desde siempre he creído que el físico es algo poco importante, una pantalla en la que puedes proyectar lo que quieras, una proyección que puede no tener nada que ver con lo que hay en el interior del “aparato”.  Y es que, en realidad, la mayoría de personas se preocupan por tener un cuerpo esplendido, se pasan horas haciendo ejercicio para que los demás vean el cuerpazo que tienen, usan cremas cargadas de químicos que prometen rejuvenecer y maquillajes que logren ocultar esos defectos que consideramos impropios en una sociedad que tiene que ser perfecta, en la que las arrugas, manchas, granitos, estrías, piel de naranja y celulitis no tienen cabida.

Todos lo hacemos, en mayor o menor medida, lo hacemos; yo reconozco que uso maquillaje para tapar alguna que otra inseguridad. Me incomodan esos granitos que de vez en cuando salen fruto del estrés o esas arruguitas, casi imperceptibles, presentes en el entrecejo fruto de mi gran expresividad facial. Y es que somos producto de esos estándares que nos oprimen, esos que nos dicen que debemos ser perfectos, que si no haces esto o lo otro, como todo el mundo lo hace, estas fuera del sistema, eres un perroflauta o vete tú a saber que apelativo. ¿Y por qué ocultar esas supuestas imperfecciones, si, en realidad, es lo que nos hace diferentes al resto de las personas, nos hace ser únicos?

Hasta hace nada usaba sujetador todos los días y en realidad desde que empecé a usarlo me incomodaba, ciertamente lo odiaba con todo mi ser; me pasaba la vida tirando de él hacía abajo porque era como si alguien estuviera apretándome todo el rato. Y no fue hasta que conocí a alguien un poco “antisistema”, realista e inteligente, que puso en jaque toda mi aceptación social, que decidí declararme en huelga contra el sujetador. Siempre me decía todo el mundo que había que llevarlo porque estilizaba, porque sino el pecho se caía, que hacía una bonita figura y que a las mujeres que teníamos poco pecho nos hacía parecer que teníamos más ¿pero quien os ha dicho que quiera tener más o que las que tenemos menos pecho seamos unas infelices y las que tienen mucho son felices? La realidad es que lo importante no es el tamaño sino la seguridad y la aceptación hacia lo que tienes. Pero lo que nunca nos dijeron es que esos odiosos aros que llevan los sujetadores pueden llegar hasta ser cancerígenos o deformar la estructura natural del pecho. Pero claro, como en todo en esta falsa sociedad, te venden lo supuestamente bonito ¿Y por qué conformarse con llevar algo que te oprime? ¿Para gustar más a los demás, para parecer de catálogo, para dar la impresión de tener más pecho? Después de un montón de preguntas dije “hasta aquí”. El llevar sujetador es una moda más, la aceptación de un estándar absurdo. Lo importante, como en todo, es sentirse cómodo, a gusto, relajado porque si uno se gusta y está cómodo tendrá todo ganado.

Una vez más, quedó clara la importancia de lo socialmente establecido en la siguiente anécdota que viví hace un tiempo. En aquel momento ya estaba en huelga contra el sujetador y salí de fiesta; dudé en si ponérmelo o no ese día, aún no era libre del todo a nivel de creencias. Finalmente, tras mucho darle vuelta y decantarme por una camisa holgada, decidí no llevarlo puesto esa noche. Estando con mis amigas me sentía insegura sin él, a pesar de que lo odiaba, era como si me faltara algo, sentía que me miraban en esa zona. Pero nada más lejos de la realidad. Me di cuenta de que era la primera vez que me sentía 100% cómoda estando de fiesta, no tenía la necesidad de tirar del sujetador para abajo y que si a alguien le molestaba que mis pezones se marcaran pues que no miraran, ese era su problema no el mío. Esta es la prueba que muestra de qué modo las convenciones sociales están instauradas en nuestro interior, sintiéndonos hasta mal con nosotros mismos si no las cumplimos, sintiéndonos hasta inseguros y pequeñitos.

Otra clara convención social, es la ropa. Cada poco salen modelos nuevos, camisas de este u otro color, ahora se llevan los sombreros y mañana se llevaran las gorras, hoy se llevan los pitillos y pasado serán los pantalones de campana. Como me pasó anteriormente con el resto de creencias, llegó un punto que dije hasta aquí. Un día colocando el armario, me di cuenta de que tenía mucha más ropa de la que necesitaba. ¿Por qué estar malgastando tu tiempo y dinero en seguir modas, cuando tienes ropa que puedes usar, adaptar a tu estilo durante un montan de tiempo? La verdad es que he cambio mi pensamiento. Ahora me gusta sentirme diferente, no llevar puesto lo que todo el mundo lleva y usar esa ropa que tengo en el fondo del armario, que aunque no sea tan actual, me encanta y me hace sentir que soy fiel a mis principios. De la misma manera, me encanta cruzarme con personas que no siguen esos estándares, personas que visten a su manera, con cualquier cosa, con estilo propio y no como una oveja más de este rebaño en el que vivimos. La forma en la que vistes muestra, en gran medida, tu personalidad, es un gran truco, cuando conoces a una persona, te muestra cómo es, es como si fuera un folleto de presentación. Prefiero a una persona que como catalogarían muchos “rara” o “que parece que va a la recogida de la aceituna” a una persona que se tira cinco horas para elegir su modelito, en lugar de estar disfrutando del momento.

Y es que salgo a la calle y noto como las personas que yo denomino “miembros del rebaño” se juntan; veo a los típicos chicos que llevan ese tupe tan alto enlacado y pantalones hiperapretados con chicas que siguen todos y cada uno de los tips de las it-girls del momento. Y la verdad es que me aburro soberanamente, me aburre la superficialidad del sistema que han creado.

Yo voto porque la gente deje de estar con la venda en los ojos, con los tapones en los oídos y con la mordaza en la boca. Dejarse llevar por lo que uno realmente quiere, sin pensar en esos estándares sociales o en ser aceptados o no, porque la primera aceptación empieza por uno mismo. Dejar de cultivar tanto el exterior y empezar a cultivar el interior porque tenemos una sociedad que es perfecta a nivel físico pero inculta a nivel intrapersonal.

Quiero terminar este post lanzando vítores por esas personas valientes que se atreven a romper con las reglas sociales, por las ovejas negras del rebaño porque allí donde os intuya os lanzaré un largo “beeeeeeeeeee” para así juntarnos y crear una pequeña rebelión; la rebelión en contra de las conversaciones vacías, la rebelión que apueste por lo alternativo, a la que le dé lo mismo que alguien no lleve sujetador o que salga en pleno verano sin depilar, la rebelión a la que le guste lo sencillo, la que sea fiel a sus ideales sin dejarse llevar por lo que la mayoría quiere, por la rebelión que mire más allá de un físico y por la que no solo oiga sino que también escuche, por la que no solo mueva la boca sino que también hable con fundamento y por la que no solo pueda ver sino, también, mirar más allá de las apariencias.

 

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La sociedad actual - Colaboración 4

Vivimos en una sociedad en la que, cada vez más, la gente  más deshumanizada esta, donde todo el mundo se mueve por su propio interés y todo es falsedad.

En los últimos años, hemos tenido que ver como muchas personas echan la culpa a los inmigrantes de que vienen a nuestro país a quitarnos el trabajo, cuando cogen los trabajos que los españoles no quieren y llegando incluso a meterse con los inmigrantes sirios que vienen a nuestro país huyendo de la guerra. 

Vivimos en un mundo  cada vez más materialista en el que entre más dinero tengas o peor trates a la gente mejor eres. Y ya por no hablar de las relaciones entre las personas donde se utilizan unas a otras mientras le interesa y después no existen.

Cada vez hay más violencia, con niños muertos a manos de sus padres por venganza hacia sus parejas o de hombres que después de violar a las mujeres las matan.  Jóvenes que por querer ser mayores tan rápido no tienen infancia.

Yo espero que realmente haya un cambio de la sociedad donde la gente sea más consecuente con sus actos y sea más humana porque si no, no sé cómo vamos acabar.

Respecto a el mercado laboral, en la actualidad es un tema que me preocupa bastante, en el que los contratos laborales son más precarios, la sociedad está más envejecida y empobrecida.

Cada vez que escucho a políticos y al gobierno decir que estamos saliendo de la crisis, que está habiendo una recuperación económica y que cada vez hay más contratos de trabajo, me pregunto si de verdad ellos ven cual es la situación real porque es un tema al que deberían prestar más atención.

Me gustaría saber, que harían los políticos cobrando una pensión de 400 euros. No sé qué se les pasa por la cabeza cuando ven a todos esos pensionistas luchando por sus derechos y ellos no mueven un dedo.

Tenemos un grave problema cuando una mujer va a una entrevista de trabajo y le hacen la pregunta de si va a tener hijos, o los contratos que hacen por horas o a media jornada y en realidad están trabajando a jornada completa. El gobierno debería poner de su parte y regular eso porque no es normal ese abaratamiento del despido que hay y los salarios tan precarios.

En definitiva, tiene que producirse una reeducación tanto de los empleados como por parte de  las empresas  y no que se traten de pisar unos a otros. Donde haya una cooperación  por ambas partes y donde haya un empleo estable.

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Isabel Villalaín, estudiante de ADE implicada en la defensa de los derechos sociales.

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Sueños rotos - colaboración 3

Una vez más mirándome en el espejo

Con un saco de sueños rotos

Buscándome en mi reflejo

Otra vez he perdido con vosotros.

De nuevo tocaba un sueño con los dedos,

Esta vez no se podía escapar de mi mano

Pero de nuevo ganaron mis miedos

Volvemos a ser ese niño insano.

El que lucha a brazo partido

El que nunca se da por vencido

Pero el que otra vez le puede la derrota

Qué triste vivir en esta bancarrota.

Nunca esperé este desenlace,

Nunca merecí este  desastre

Siente la pena que de mi corazón nace

Cubriendo mi cuerpo con el peor traje.

Sé que nunca dejaré de pelear

Sé que mi espada se volverá a alzar

La vida no me va a amedrentar

Esto no es un juego de azahar.

Somos uno yo y mi desolación

Somos uno yo y mi ambición

Esta ambigüedad que me define

Esta fortaleza con la que vine.

Déjame pasar el mal trago

Esta vez lo conseguiré con certeza

Enséñame lo que mal hago

Ayuda a recuperar esta cabeza.

No es la primera vez que me caigo

No es la primera vez que me levanto,

Esta poesía es lo único que traigo

Para cantar mi esperanto.

Porque caerse está permitido

Levantarse es obligatorio mi amigo

Porque aunque no pueda estar más deprimido

Siempre podre superarlo si cuento contigo.

Parezco un superhéroe con fuerza infinita

No puede conmigo ni la criptonita

Mi amargura será finita

La victoria la más bonita.

No te olvides de mis palabras, no son en vano,

Acercaros a mi, hazme y tenderme la mano

Soy de los mios y los que están a mi lado

Esta vez ganaré en mi tirada del dado.

Confía en mí que siempre sobrevivo

Viviendo en este mundo de locos

Parece mentira que siga vivo

No me gusta ser el centro de los focos.

Esta derrota es solo una de muchas,

Con el tiempo en victoria las convertí

Otra vez a mi corazón achuchas

Este corazón está luchando por ti!!!

        Samuel, opositor defensor de la escritura artístia.

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La igualdad de la mujer-Colaboración 2

La igualdad entre hombres y mujeres es un principio recogido en la legislación internacional sobre derechos humanos, pero es evidente que con el reconocimiento no basta, porque no existe una igualdad de trato y de oportunidades para las mujeres. Todavía sigue existiendo la violencia sexista, la discriminación salarial y en las pensiones de viudedad, el mayor desempleo de la mujer, la escasa presencia femenina en puestos de responsabilidad política, social, cultural y económica, o los problemas de conciliación entre la vida personal, laboral y familiar.

Y que a estas alturas del siglo XXI todavía siga existiendo esta desigualdad es frustrante; que tengamos que seguir con el miedo de salir por la calle solas  a altas horas de la noche o cualquier otra hora y tengamos que ir casi siempre acompañadas es una muestra de que algo no está yendo bien. Y que en los puestos de trabajo haya discriminación salarial por realizar el mismo puesto de trabajo o que te rechacen por el simple hecho de ser mujer, llegando hasta preguntarse en las entrevistas de trabajo si en un futuro llega a ser madre y todavía haya pocas mujeres en altos puestos ejecutivos.

Hay que cambiar la inercia del pasado, un sistema forjado y desarrollado por y para los hombres. Fomentar el equilibrio de género tanto en los hogares como en el lugar de trabajo. Cambiar el modo de gestionar los roles tanto en las relaciones públicas, como en las íntimas. Hombres y mujeres tienen que ser igualmente capaces y estar dispuestos a participar en la misma medida en los dos aspectos. Fomentar la idea de que hombres y mujeres tienen que compartir de forma equilibrada las posiciones de poder y de decisión en los gobiernos, en el mundo de los negocios, en todos los sectores económicos y en la vida cotidiana. Porque no es eficiente que menos de un 20% del total de las mujeres tengan acceso a esas posiciones. Porque una sociedad justa no puede seguir permitiéndose el lujo de desaprovechar la inteligencia y la creatividad de millones de mujeres.

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Cristina Santos, técnica de laboratorio defensora de los derechos de la mujer.

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