Actividad alternativa 1- Recolección de hipérico

Gracias al impetuoso agosto he estado ausente por estos lares. La verdad es que en ocasiones se agradece dejar a un lado la tecnología y disfrutar del momento sin ningún tipo de pretensión.

En mi primer post de actividades alternativas, voy a presentar a dos ayudantes fantásticas; la primera es mi hermana Miriam, mi compañera de aventuras, a la que proponga lo que le proponga pocas veces dice que no; y la segunda  es mi pequeña Azahara, mi munin, mi ratón de armario, mi conejo y el mayor objetivo en toda esta sección. A Azahara, como a cualquier niño de ahora, le encanta ver dibujos y como en todo, tiene que haber alguien que ponga límites a esa actividad; los niños, si por ellos fuera, se pasarían la vida viendo dibujos o, más bien, hacen eso si no tienen otra actividad más lúdica, estimulante o motivadora que les anime a dejar tirado a un lado el móvil, la tablet o el ordenador.

Como para mí, ver los dibujos debería ser una actividad que se redujera a unos pocos minutos, incluso a nada, decidí que el verano en el pueblo, para mi sobrinita, debería ser mucho más que pasarse las horas muertas frente a una pantalla; algo que, por cierto, antes de los cinco años es tan sumamente negativo que si los padres lo supieran tirarían por la ventana todos estos aparatos adictivos.

Algún día hablaré acerca de la sobre estimulación, el apego, las horas muertas, la perdida de autocontrol y la gestión de emociones relacionado con el mal uso de la tecnología en la infancia, pero no será en esta bonita sección.

Bueno, a lo que iba que me voy por los cerros de Úbeda. Mi sobrina desde bien pequeñita es muy curiosa, le gusta probar todo lo que los mayores hacemos, todo lo que le resulta motivador claro. Desde el momento que percibí eso, empecé a introducir técnicas y procesos que son necesarios no solo para el aprendizaje sino también para la vida. Una de esas técnicas es “Observa-piensa-actúa”; y así lo hacemos, primero observamos cómo lo hacen los mayores (aprendemos), después pensamos cómo lo podemos hacer nosotros (metacognición) y finalmente actuamos en base a lo que anteriormente consideramos que podíamos hacer. De esta manera le enseñamos al niño a actuar de una forma tranquila, sin impulsos, a valorar qué es lo que puede hacer, a respetar los materiales y a las personas con las que comparte espacio, a reflexionar sobre su propia acción y a ser consecuente con lo que pensaba que haría y lo que finalmente ha hecho (autoevaluación).

Recoger Hipérico

Hace unos meses ni nosotras sabíamos lo que era el Hipérico, pero cuando lo descubrimos nos encantó. Esta flor, conocida también como Hierba de San Juan porque empieza a florecer a finales de junio, es una gran aliada contra infinidad de malestares físicos. Con ella podemos hacer jabones, velas y, lo que más nos interesaba a nosotras tres, cremas.

Un día, le dijimos a Azahara que íbamos a comprar unas cestas de mimbre para ir a recoger flores. Ella se sorprendió, nunca había hecho esa actividad, pero sin saber tan siquiera a que nos referíamos, dijo que sí; los niños y su curiosidad ante el mundo es bellísima.

Ya teníamos las cestas, ahora solo quedaba madrugar, coger unos sombreros, esterilizar las tijeras e irnos.

Hasta esterilizar las tijeras fue algo que hizo Azahara. A cualquier madre histérica le puede parecer una ida de olla hacer esto, pero nada más lejos de la realidad, todo con supervisión puede ser hecho o intentado ser hecho por un niño, no son de cristal, no se rompen solo con mirarlos.

Siempre es importante, antes de hacer cualquier actividad, introducírsela a los pequeños, dejarles claro qué es lo que vamos a hacer y cómo lo vamos a hacer; del mismo modo, es imprescindible preguntarles su opinión, si pueden añadir algo a la actividad, si les gustaría hacer algo en particular y si tienen ganas de hacerla. La motivación hacia la actividad por parte de los niños es primordial para que esta sea participativa, lúdica, educativa y, sobre todo, que la disfruten.

Azahara estaba tan motivada que le contaba a todo el mundo con el que nos cruzábamos lo que íbamos a hacer, lo que llevábamos en las mochilas y que llevaba sombrero y gafas porque en el campo hace mucho calor, o al menos eso era lo que le habían dicho sus tías.

Ella, antes de empezar con la técnica de “Observo-pienso-actúo” era muy impulsiva, arrolladora, lo quería hacer todo ella sola la primera, aunque no supiera. Es normal, son niños, no lo saben todo, tienen que aprender, tener un ejemplo que copiar y un guía al que seguir.

Llegamos allí y de la emoción quería coger la primera las tijeras sin saber siquiera cómo hacerlo. Y ese fue un buen momento para recordar lo que se hace: primero observo-miro, después pienso-reflexiono (nos tocamos las sienes con los dedos indicando que estamos pensando) y, finalmente, actúo. Y si, ya sabe lo que es observar, reflexionar, pensar, dialogar, debatir, actuar y hacer porque es muy útil utilizar un vocabulario, no solo infantil, sino también un poco adulto, rico, abundante, con palabras nuevas y diferentes.

Es justo decir que Azahara con una guía correcta, como todos los niños, se porta estupendamente, es como un pequeño loro que repite todo lo que el adulto dice, hace lo que el mayor hace y pregunta sin parar buscando respuesta a todas sus dudas.

Buscamos Hipérico en Alija, en un campo repleto, no sabíamos ni por dónde empezar. Finalmente, llenamos las cestas y después de casi una hora allí nos volvimos a casa. Hay que decir que para el nivel de atención hacía la actividad que suele tener un niño de tres años, Azahara fue una crack porque estuvo atenta hacia este ejercicio durante más de media hora.

Para mantener el nivel de atención, de vuelta a casa nos inventamos una canción copiando el ritmo de la ya famosa  “Había una vez un barquito chiquitito”. Esta es una buena manera de reflexionar acerca de lo que hemos hecho y ver si el nivel de atención fue tal como parecía.

La canción es:

Hipérico es una flor amarilla, amarilla.

Hipérico es una flor amarilla, amarilla,

Que nos ayudaba, que nos ayudaba,

A hacer cremita.

Después de la canción y en la bici camino a casa, le preguntamos ¿Qué acabamos de hacer? ¿cómo se llama la flor que hemos recogido? (esto cuesta un poquito aprenderlo, es un nombre dificil para un niño) ¿con qué instrumento cortabamos la flor? ¿a qué pueblo hemos ido a recoger las flores?... unas cuantas preguntas para que el niño reflexione, piense sobre lo qué hemos hecho y resuleva dudas.

Y de esta manera tan tan sencilla, podemos tener entretenido a un niño durante toda una mañana y sin acordarse de dibujos.

Después de esto, el niño estará todo el día emocionado, contándole a todo con el que se cruce qué es lo que ha hecho y sabrá que las hierbas no son solo hierbas sino también medicamentos, que debemos cuidar el medio natural en el que vivimos y que la basura que os encontréis en el campo es horriblemente mala para las plantas y los animales que allí viven.

Mi Azahara es ya toda una ecologista y me llena de orgullo decir que a eso estamos contribuyendo en gran medida su tía Miriam y su tía Sandra.

En el próximo post hablaré sobre lo que hicimos con las flores de Hipérico; mientras tanto, podéis ir a recoger esta flor, aún queda una poquita en el campo, eso sí, no seáis animalicos, sed respetuosos y llevaros solo una poquita ya que si diezmáis la planta el año que viene no florecerá.