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Rareza especial

Hace unos cuanto años me di cuenta de que era un tanto diferente al resto de personas.

Cuando algunas amigas me decían que les gustaba salir todos los sábados de fiesta y cogerse una borrachera digna de una caja de paracetamol al día siguiente, yo les decía que prefería quedarme en casa el sábado por la noche escribiendo o leyendo, para así el domingo irme en bici al monte. Ellas se reían y me decían que era rara. A mí también me hacía gracia que se rieran y que me llamaran rara porque lo genuino me encantaba. Adoraba ser "la rara" del grupo.

Hoy en día soy más consciente de esas diferencias y es complicado conjugar mi modo de vida con el modo de vida tan típico que les gusta a mis amigas.

Salir de fiesta todos los sábados y escuchar el mismo tipo de música absurdo no era mi plan preferido.

Obtener siempre la misma respuesta a la pregunta, ¿os apetece ir a la montaña este finde?, era aburrido. Siempre decían que no porque estaba muy lejos o porque se gastaba mucho en gasolina. Después de ese argumento tan insulso yo me preguntaba,  ¿prefieren gastar el dinero en cubatas que dañan su cuerpo a irse a la montaña a respirar aire que purificará su interior? ¿En que nos estamos convirtiendo?

Gracias al universo, mi hermana era tanto o más rara que yo y siempre encontrábamos planes alternativos de los que disfrutar de un modo diferente de ver la vida, nuestro modo.

Y no solo era diferente a mis amigas. Desde bien jovencita pasaba bastante del tema "chicos", había cosas más importantes que volverse loca por alguien. Pero claro, de repente conoces a una persona, aparentemente especial, no tienes ni idea de lo que es la vida, ni de los actos que pueden llegar a hacer las personas, te dejas llevar y te enamoras. Y, siendo fiel a tu instinto, lo haces a lo grande. Y no me arrepiento, porque siempre me he guiado de sensaciones y de la magia que había dentro de mí en cada momento.

Pasa el tiempo, vuelves a recuperar la paz interior y disfrutas de la soledad, de la compañía e incluso te ves a ti misma disfrutando con tus amigas de la música que tanto odiabas. Te das cuenta de que estás en paz, que lo has logrado después de unos cuantos meses de lucha interior.

Como decía, no solo era diferente a mis amigas, los chicos de mi entorno o en casi todos los entornos en los que me movía eran copias, unas copias que no habían salido de la misma impresora que yo. Me sentía incomoda cada vez que alguno de esos "seres primarios" se me acercaba con las típicas excusas baladíes, "me suenas muchísimo, seguro que sales mucho de fiesta",  "tú y yo nos conocemos de algo", "¿te gusta la música que está sonando? Te la podría cantar todos los días al despertar?" y yo pensaba ¿de fiesta yo? ¿conocerte a ti? me acordaría,  ¿quién querría escuchar esta mierda de música al despertar? Jajajaj.  Y mi cara lo decía todo porque siempre después de la mirada que yo llamo "fulminante", se iban. Soy una crack "espantando" a seres vacios a nivel cerebral. Tener una conversación medianamente decente era tan difícil, imposible diría yo. No había nunca nadie interesante, nadie que me despertara esa curiosidad de querer saber más. La frustración era enorme porque tal vez mis amigas tenían razón, nunca aparecería nadie que complementara en cierto nivel era rareza. Tal vez mi rareza no era buena como yo pensaba, sino mala.

Un día algunas de mis amigas me propusieron su plan preferido: sábado, verano, fiesta de pueblo y, cómo no, reguetton. No iba a salir porque tenía pensado ir al día siguiente al monte pero finalmente dije sí. Ese noche confirmé algo que ya tenía más o menos claro: lo diferente me seguía atrayendo porque era mi reflejo, la vida te puede sorprender en cualquier lugar, en un momento en el que no lo esperas e incluso que la música que escuchas de fondo, aunque sea la que más odias, puede dejar de ser importante si tienes una gran conversaciones, de esas que hacía meses que no tenías.

Me gusta ser diferente, luchadora, resiliente, pero lo que más me gusta es que, de repente, me encuentre con personas que, aunque aparentemente no lo parezcan, son autenticos espejos. Personas que les guste lo alternativo, tengan conversaciones profundas, que sean de esa manera de ser que te incita a querer conocer más, personas soñadoras, con inquietudes diferentes, con historias, naturales, bonitas por fuera pero más por dentro, que adoren viajar, que no sean materialistas, que lleven a cabo sus ideas por muy locas que parezcan... en definitiva personas, que como mis amigas definirían, son raras como yo.

Termino esta entrada con una bonita frase que se me acaba de ocurrir y que, realmente, pega con esta foto que tenía por ahí:

"Incluso de la grieta hecha por una bala, podemos crear algo bonito si somos capaces de verlo"



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"Into the wild"

Qué bonito es conectar con la parte más ancestral de nosotros mismos, qué bonito es disfrutar de la naturaleza en soledad y qué bonito es tumbarse en medio de la nada escuchando, oliendo y disfrutando de los sonidos, los aromas y los colores de la madre tierra.

Vas en la bici y sientes el aire, sientes como pasa a través de tus fosas nasales, te desintoxica, te libera, es como si volaras. Solo estáis tu bici y tú, pero en ese momento te sientes la persona más poderosa del mundo.

Encuentras un abrigo debajo de una preciosa encina, seguro que no tendrá menos de 50 años, y te tumbas. En ese momento lo que menos te preocupa es si te manchas o si algún animal se acerca porque estas conectado con tu parte más intima, estas relajado, estas como drogado. Tu mente abandona tu cuerpo y fluye.

Cierras los ojos, escuchas los sonidos, hasta los más pequeños, no hay ruido de coches, ni de gente, es como si fuera otro mundo; huele a jara, a tomillo, a girasoles, a naturaleza…qué sensación tan mágica. Es como si formaras parte del entorno, es una autentica fusión.

De repente escucho un sonido entre las encinas y me asusto.  En un segundo se me pasan por la cabeza tres estrategias de escape si un jabalí se acercara. Pero nada de eso, solo era un pájaro jugando en su patio de recreo. Qué felicidad con tan poquito.

El pájaro me ha hecho salir de mi mundo de divagaciones y decido irme, no sin antes coger un ramito de tomillo para llevar conmigo un poco de ese preciado regalado de la naturaleza.

Vuelvo al caos pero estoy emocionalmente sana después de esa terapia tan reparadora.

Y lo mejor de todo es que siento esto sin tomar una sola droga :) :) 

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Sueños II

Tumbada en la cama miro al techo y me pregunto por qué será blanco. Son las cinco de la madrugada y de nuevo me he despertado con ganas de llorar después de un sueño de lo más real.  Mi mente está
acostumbrada a divagar por mundos absurdos, a menudo evitando penetrar esa realidad paralela por la que a mi cerebro le encanta pasear.

Ese mundo paralelo del que tanto cuesta apartarse es el mundo de lo emocional, de lo irracional, de las vivencias pasadas, de la "autotortura", de los recuerdos, del porqué...

Mi motor no para ni cuando estoy dormida. Todos las madrugadas me tortura en sueños, me recuerda una y otra vez que algo sigue estando ahí, que por mucho que no hable de ello o que intente no pensarlo, está dentro de mí; tal vez me lo recuerda por añoranza hacía algo o alguien, por lastima, para decirme que no estoy preparada para determinada situación o quién sabe. Nos queda tanto por conocer de nosotros mismo que es tan difícil descifrar el porqué de nuestros actos o el porqué de nuestros sueños.

Lo que sí es cierto es que después de un sueño que te deja aterido, tienes esa sensación de vacío, de soledad, como si algo o alguien que necesitas no lo tuvieras, es una sensación terriblemente desconcertante.

Intento dormir de nuevo. Tardo solo medio minuto en volver a recaer en el mismo sueño. Soy yo, es él, es mi casa, la casa donde he crecido y he pasado los mejores momentos de mi vida la que sale en el sueño. 
¿Por qué esa situación? No quiero soñar eso, sé que no es real, que esa felicidad ilusoria solo está ahí, quiero despertar. De repente, de nuevo, miro el techo, una lágrima se escapa por mi ojo izquierdo, acompañada, dos segundos después, de un suspiro que se pierde en el silencio de la noche.

Una parte de mí quiere volver a ese sueño y la otra, en cambio, quiere apuñalar a la parte que desea volver a estar en esa situación onírica.

Deseo que pase, que se vaya, que huya y que se quede, junto a mi otro yo, en ese mundo paralelo, en el que me los imagino viviendo una historia tremendamente bonita.

(Relato)

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Siempre tú

Siempre fuiste calor aunque hubiera frío.

Siempre estuviste dentro de mí aunque los kilómetros separaran nuestros cuerpos. 

Siempre tuviste un abrazo de tranquilidad para los momentos malos.

Siempre eras el hogar de mi corazón aún librando la peor de las batallas,

Siempre  tenías esas arrugas de expresión forjadas por una preciosa sonrisa que tanto me gustaba, una mirada profunda resguardada por un par de cejas poco pobladas que me encantaba acariciar y tu pelo, siempre suave, en el que me encantaba perderme.

Siempre provocabas en mí un sentimiento, a veces confuso, que me hacía estremecer cada vez que te veía, mi corazón se aposentaba en mi boca cada instante que me mirabas y hacía que tuviera unas ganas irrefrenables de besarte. Esos labios tan perfectamente esculpidos que parecía que el mejor de los cinceles se hubiera aliado con el mejor de los escultores, unos labios diseñados para ser mordidos, besados, admirados, tocados o lamidos.

Siempre tenías esa facilidad para sacarme una sonrisa incluso en el peor de los momentos.

Tus labios eran la excusa más bonita para ponerme de putillas y tus caderas la mejor mecedora
cuando me cogías en brazos.

Todos los lugares eran perfectos si nosotros estábamos en ellos porque lo demás desaparecía, todo alrededor era borroso. En la mayoría de los momentos juntos, solo te recuerdo a ti, el fondo es confuso, no tenía más relevancia porque tú lo ocupabas todo.

Siempre alegre, optimista, cariñoso...todo positividad.

Siempre lográbamos hacer magia, para nosotros hacer el amor se quedaba corto porque una conexión tan centelleante solo puede ser equiparable a la magia.

Siempre me quedé con lo bueno, lo bonito y lo brillante, tú tenías las tres "b".

El invierno era más bonito, los paseos ahora tenían más sentido. Los abrazos, cargados de magia, me enseñaban lo maravilloso que puede llegar a ser un contacto físico. La lluvia era preciosa si nos pillaba caminado bajo un paraguas para dos o metidos en la cama hablando de lo increíble que era la vida si estábamos juntos. Esta ciudad ya no era gris, era un arcoíris si los dos estábamos en ella. Los debates entre nosotros eran graciosos.  La tele y las redes sociales no existían y el amor, aunque esa palabra se quede corta, lo era todo.

El miedo viene a menudo a mí. La magia se fue con él y el miedo se ha posado en mí como  un cuervo se posa en un cable de alta tensión, expectante, atento y precavido para aprovechar la más mínima
oportunidad. Ya no hago magia, hace más de nueve meses que no la hago, tengo miedo, mucho miedo. No volver a sentir esa preciosa sensación me aterra, algo tan bonito debería ser experimentado cada día de la vida. Nadie consigue que el fondo sea borroso y me centre en la figura, nadie consigue tocar la magia de mi alma. Descubrí  que lo bonito no era ponerse de puntillas, sino hacerlo con alguien que te enloquece. Ya no me gusta agarrar a nadie de la mano, porque ahora es aburrido. Ahora siento que esa
persona que era antes no volverá nunca, que se quedo encerrada en una jaula como un jilguero esperando ser liberado.

Ahora sé que la vida es arriesgar, apostar, dejar a un lado los miedos e ir por el camino que deseas porque los trenes, como bien alguien dijo, solo pasan una vez y después de eso nos pasamos la vida buscando algún tren parecido a ese pero no hay trenes parecidos, todos son diferentes.

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Sueños

¿Los sueños dejan de serlo cuando haces todo lo posible por conseguirlos? ¿Dejan de habitar el mundo de lo imposible cuando te dices a ti mismo "¿y si lo intentara?"? ¿Se convierten en realidades cuando las llevas a cabo o siguen siendo sueños cuando los estas realizando?

No lo sé la verdad. En realidad la nomenclatura que se use para definirlos en cada momento no importa.

No creo que yo sea de las que se conforma con muy poco o con lo de siempre, pero mi madre a menudo me dice que la vida es otra cosa distinta a lo que yo pienso. Y yo pienso que por qué hacer lo que hace todo el mundo, por qué conformarse con una vida sin sueños, sin metas.

Mis sueños, en el fondo, son muy sencillos y básicos, de ese tipo de sueños que son tan fáciles de llevar  a cabo que la gente no los sabe valorar y se complica la vida con situaciones que ahogan y esclavizan.

Mi hogar

Hace unos meses me mude a la ciudad de mis sueños. En esa ciudad encontramos un piso, no fue fácil, que se ajustara a lo que necesitábamos. Ni de lejos era el mejor, ni tenía lujos, ni siquiera ascensor, pero para mí era el perfecto. Una mano de pintura, unos cuantos muebles de segunda mano, una limpieza general, detalles que le dieran un toque de personalidad y ya estaba listo para ser mi hogar.

Ahora vivo en una casa grande, llena de lujos pero no sé por qué echo de menos ese hogar, un hogar en el que no podías durar más de cinco minutos en la ducha porque el agua caliente acumulada en el calentador se iba, un hogar en el que tenías que abrir un grifo con un alicate, un hogar donde tenía que subir mi bicicleta a un tercero sin ascensor, un hogar con una habitación con muebles de segunda mano y una estructura de cama hecha por mí misma, un hogar...que siendo imperfecto para cualquiera, para mí era mi casa, mi rincón en el mundo, mi cura contra todo mal.

Mi ciudad

Hasta hace poco no me había unido emocionalmente a ninguna ciudad. He estado en muchas, la
mayoría me han gustado pero ninguna me ha llegado a enamorar tanto como la ha hecho esta. Tanta personalidad en cada rincón que visitas, tanto carisma, tanta historia, tanta amabilidad,...no podía ser de otra manera, estábamos predestinadas.
Nada cambia, todo es igual, hasta que de repente ¡¡(Z)as!!, te das cuenta de que tienes que volver a ese lugar en el que te sientes como en casa, a tu hogar, un hogar que está en el barrio que quieres en la ciudad de la que te enamoraste hace cerca de dos años.

Estilo de vida

Nunca fui materialista, ni de niña. Recuerdo la carta a los Reyes Magos y ese catálogo de juguetes que todos los años nos daban a la salida del colegio, era como si la industria te obligara a pedir juguetes como regalo, ¡qué sociedad esta!, ya desde pequeños inculcando su consumismo. Llegábamos a casa, dejábamos por ahí tirada la revista y simplemente jugábamos.

No recuerdo muy bien que poníamos en la carta a los Reyes Magos  y si en esa carta estaban incluidos algunos de los regalos del catálogo. Lo que sí recuerdo es que, fueran los que fuesen los regalos que nos traían los Reyes, para nosotras siempre eran los mejores. Y, ahora con el tiempo,  estoy orgullosa de esa actitud porque mis padres trabajaban duro para que nosotras pudiéramos tener regalos. Ellos no lo
sabían en ese momento, ni siquiera nosotras, pero no había mejor regalo que estar con ellos, sentir su protección, su amor, vivir sin preocupaciones, estar con mamá y papá viviendo una vida sana emocionalmente, vivir experiencias cerca de la naturaleza y vivir en una familia que para mí es la mejor.

A día de hoy sigo esa filosofía de vida. A veces mi madre me dice que soy demasiado "agarrada" y yo simplemente me río. La verdad es que no es necesario comprar más ropa cuando tienes un armario que está lleno, no necesitas más bolsos porque tienen 10 y de esos 10 solo usas uno y aunque ese uno se esté cayendo a cachos es tu preferido, difícil de remplazar porque las historias que has vivido con él no
las puede sustituir ni un bolso de mil euros. No necesito más de lo que tengo, materialmente hablando tengo muchísimo más de lo que necesitaría en tres vidas.
Por esa razón, hace un par de años me propuse dejar a un lado esa parte consumista y vivir con lo que tengo, comprando única y exclusivamente cuando sea necesario.

Viajar y viajar

Este es mi sueño por excelencia. En mi familia nunca hemos sido de viajar, había otras prioridades antes que esa. Muy a menudo les echaba en cara a mis padres que no hubiéramos viajado más desde niñas y ellos se limitaban a decir que si no hubieran ahorrado para otras cosas posiblemente hoy no podría haber estudiado fuera, tener dos carreras, un máster, cursos, no me podrían ayudar cuando compre un
piso y un coche...y la verdad  es que es injusto recriminar a unos padres algo que han hecho por sus hijos y de una manera muy acertada.

Mi sueño es viajar.

Viajar con mis padres a cualquier sitio, por ejemplo ir a Rotherham, la ciudad donde mi madre vivió tantos momentos de pequeña, y pisar las calles en las que ella fue tan valiente.

Viajar sola, redescubrirme, mantener el dialogo interno sin contaminaciones externas. Comprarme
una autocarabana y recorrer Europa. La verdad es que el lugar da igual si la experiencia es autentica, alejada de grandes hoteles y visitas guiadas, descubriendo el país sin mandatos, solo hablando con la gente del lugar, investigando, probando los platos típicos, perdiéndome, etc.

Viajar acompañada y dejarme llevar por la organización que otros hagan, algo a lo que
a menudo cuesta adaptarse.

Trabajar

Este no es mi gran sueño pero si el gran objetivo de mi vida, por el que tanto he trabajado y el que necesito para poder canjear mis sueños.

Me recuerdo a mi misma jugando con mi hermana siempre al mismo juego simbólico, yo era maestra y ella era alumna y viceversa. Era lógico, estaba destinada a esta profesión tan bonita cuando la alcanzas y tan frustrante hasta que llegas a ella.

Vivir

Este sí que es un sueño bonito. Vivir con todas sus letras, disfrutando de cada minuto que nos da la vida, sin ser esclavos de créditos, ni de promesas difíciles de cumplir, siendo fieles a nosotros mismos y a nuestros valores y siendo quienes siempre quisimos ser.

Me imagino en un futuro y me veo en un piso pequeño porque es lo que deseo, un piso lleno de detalles que definen mi personalidad: veo una bici en la terraza, una tabla de snowboard en un rincón del salón, cazasueños por doquier, mándalas decorando las paredes, una guitarra encima del sofá, una cámara de fotos en la mesa pequeña del salón, una habitación morada con unas mesitas hechas con maletas antiguas...lo imagino tan bien que es un sueño que siento cercano.

Me imagino con una autocarabana de segunda mano recorriendo Europa, hablando con la gente de cada país, sintiéndome como una niña cada vez que veo algo nuevo. También me veo en una tienda de campaña a los pies de una montaña en Noruega o Finlandia preparándome para ver la Aurora Boreal...me imagino en tantos sitios que estoy convencida que visitaré cada uno de ellos.

Me imagino trabajando con niños pequeños, volviéndome loca sí, pero siendo feliz, aprendiendo cada día algo nuevo y sintiéndome orgullosa de cada logro conseguido.

Ahora dejo de imaginar para empezar a vivir cada uno de esos sueños, porque los sueños están para ser vividos y no solo para ser imaginados pensando en un "¡Ayy si me tocara la lotería!"

La lotería ya nos ha tocado, es la VIDA.


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The fever of socks

- ¿Y qué pasa por dormir con calcetines?

- Pues que pareces una abuela friolera Sandra.

Estaba acostumbrada a ese tipo de comentarios, que en el fondo veía hasta normales y me hacían una gracia terrible.

Todo el mundo que me conoce bien, y con conocer bien me refiero a conocer esa parte a la que muy pocas personas tienen accesibilidad, sabe que una de las manías que mayor me define es necesitar fervientemente dormir con calcetines. En invierno son mis más fieles aliados, gracias a ellos soy un poco menos friolera, parece mentira que haya vivido la mayor parte de mi vida en León, siempre tengo frio y mi pijama, la mayoría de las veces, está dentro de mis calcetines para que no entre ni un ápice de frio, menuda estampa esa jajaj. Y en verano, el 99% de los días, duermo con calcetines, no por el frio, que en ocasiones sí, sino porque con ellos soy más yo, más San y menos Sandra, soy menos adulta y más niña, para mí vienen a ser el equivalente a la varita mágica de los magos.

¿Será verdad que las manías nos definen? yo creo que sí, y también creo que mis calcetines y yo tenemos muchísimo estilo hasta en una escena de pasión en la que las únicas prendas que no sobran son ellos, mis calcetines mágicos.



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I´m scared

Era una sensación extraña.  Ella sabía lo que quería, lo deseaba desde que era adolescente y enloquecía cuando se imaginaba a si misma viviendo en otro país, siendo la protagonista de una historia escrita por ella misma. Pero, a menudo, los miedos la invadían, ni siquiera sabía si terminaría llevando a cabo ese plan.

Iban pasando los meses y a medida que se acercaba la fecha  más "acojonada" estaba, se subestimaba, se veía muy pequeñita como para recorrer el mundo ella sola y sentía que no podría soportar la carga emocional que ese viaje conllevaba.

En el fondo era fuerte, había superado un año más de bajadas que de subidas, un año plago de miserias emocionales pero también un año lleno de logros y si a una conclusión había llegado, esa era que de la tristeza puede salir algo muy bueno y que de las cenizas renace un fénix fortalecido.

Ella, aunque a veces lo dude, es fuerte, tan fuerte como para seguir luchando por sus sueños dejando a un lado esas sombras que habitan dentro de sí misma.

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Antes/ ahora

De repente vuelvo a tener 8 años. Son las doce de la noche. Estoy en mi habitación, de fondo se escucha la música y la gente que celebra la fiesta en la plaza, mamá se apresura en prepararnos para salir, a pesar de ser tres niñas en casa y mamá trabajar mucho, siempre llegábamos a tiempo a los sitios y con
una imagen impoluta, mamá era una superheroína que parecía tener mil manos. Me encanta la vida en el pueblo, soy una niña y no tengo más preocupaciones que disfrutar, ser feliz y jugar. Bailo sin parar, juego sin parar, sonrío y soy feliz, soy una niña.

De repente abro los ojos, tengo veintiséis años, estoy en la misma habitación, ya no soy una niña, mi madre me despierta con un "venga, ¿qué haces ahí? Vamos a la plaza que ya ha empezado todo" y yo, en la línea que seguía desde hace más de seis meses, me limite a decir "voy ahora mamá" con un entusiasmo que brillaba por su ausencia. Mamá me conoce, me pregunta si me pasa algo, claro que me pasa pero no quiero preocuparla con mis miserias emocionales. Ya no era una niña, ya no era feliz, llevaba viviendo en el fango emocional más de lo que me hubiera gustado y no parecía que nada fuera a cambiar ni a corto ni a largo plazo.

Odiaba esa situación, odiaba haber perdido la niña que siempre lleve con orgullo dentro de mí, la inspiración me había abandonado, era un alma en pena vagado sin un rumbo fijo, era un ser inerte, un cuerpo con un alma podrida por dentro, era otra persona.

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Martes y trece

Hoy es un buen día para retomar la escritura.

La verdad es que nunca he sido demasiado supersticiosa, lo de la suerte no iba conmigo, siempre fui fiel seguidora de la magia, de los momentos especiales y de las situaciones que marcan un antes y un después.

Nunca creí en la suerte porque pensaba que si algo tenía que suceder sería gracias a nuestras decisiones, a nuestro esfuerzo y templanza y, sobre todo, gracias a la magia con la que llevábamos a cabo algo.

Cada vez tengo más claro que si algo no sucede no es porque no tengamos suerte, sino porque no tenía que ser o porque no le dedicamos el suficiente empeño para que sucediera.

Como es la vida ¿no?, tan cambiante, tan distante y tan sorprendente que a veces culpamos a la suerte de los hechos de los que los únicos responsables somos nosotros, nuestra valentía o nuestra cobardía para hacer o no hacer algo.

Yo no tengo miedo de cruzarme con un precioso gato negro, de hecho, cuando veo uno lo cojo, lo acaricio e incluso lo beso, porque no hay nada más mágico que ver a un gato con un calor tan bonito.

A mí no me horroriza romper un espejo, porque ni siquiera los espejos me hacen falta, ¿se ha roto? ¿y qué? pues peguemos los pedazos, de las grietas puede salir algo precioso.

Si algún día me caso, lo haré en martes y 13, ¿por qué no? Aprovechar un día que pasa de mucho en mucho es totalmente mágico. Y si tengo la ocasión, me subiré a un barco ese mismo día, ¿por qué no embarcarse un martes 13?

Pasar por debajo de una escalera es divertido, he pasado incluso 13 veces seguidas un martes trece con un gato negro en brazos después de haber roto un espejo, porque tentar a esa suerte tan supersticiosa me pone. :)

Por favor, no culpemos a la suerte o a la mala suerte de lo que nos pasa por tontos, por vagos  o por poco precabidos porque los únicos responsables de nuestro destino somos nosotros mismos.




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Día 1. Feliz

Día 1

Hoy vuelve a empezar mi vida. Algo ha hecho clic. Bendito clic, cuánta falta me has hecho todo este tiempo.

La felicidad no es una meta, sino un camino y hoy, caminando, soy feliz. Dejo atrás lastres que pesaban demasiado, me desprendo de lo tóxico definitivamente y voy a exprimir hasta el último minuto de mi vida.

Doy gracias al destino por sacarme de mi zona de confort, por hacerme ver que de las situaciones malas se sale fortalecido y que nadie es imprescindible, menos un  "bufón de circo" con una vida sobreactuada.

Gracias, gracias y gracias porque ahora veo lo muy acertada que he estado en mis decisiones, por no haberme decantado por ese camino, por haber dicho no es su momento y por tener 25 años con un gran futuro ante mí. Quiero mi vida, adoro mi vida, me adoro yo, estoy enamorada de mi parte emocional, artística e impulsiva y quien no lo entienda al carajo con él.

Quien quiera estar en este nuevo camino que esté y quien no quiera no se le echará en falta porque en la vida si alguien se va de motu proprio es porque no tenía que estar.

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